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martes, 8 de noviembre de 2011

Cumpleaños Total

Luces, sólo había luces a su alrededor...


Otra vez estabas allí. No sabías cómo, pero otra vez estabas allí. Nunca recordabas cómo habías llegado a ese lugar, pero otra vez estabas allí. Con sus luces semiapagadas, su pared de ladrillo, su pequeño escenario al final de ese antro tan estrecho y sus tuberías de ventilación al aire, todo en un intento de representar algún garito del Londres más underground, ese Londres que huele a tabaco, orina, The Clash, sudor, drogas, sexo tras las esquinas y desenfreno. Pues allí estabas tú, a pesar de que hacía una semana te habías jurado a ti mismo que nunca más.

Aquello era una jodida bacanal, no había un mañana y la gente sentía que el fin del mundo llegaba a la misma vez que daban el último sorbo a esa cerveza caliente y mala que bebían a un ritmo enfermizo. Todo el mundo era amigo íntimo del que tenía a su lado desde hacía 2 cervezas (allí no había reloj, había cervezas), y se repetían entre ellos promesas que estaban rotas desde el mismo momento en que salían de la boca. Entre todo el tumulto conseguía ascender la música para hacer notar a el resto de la gente que allí mandaba ella, que ella marcaba el ritmo. Música que sonaba igual desde hacía 3 años.

Y tú, allí estabas tú. Te sentías bien, más que bien. Allí te sentías como pez en el agua. Lo oscuridad no era impedimento para ti, porque aquello era tu casa y tenías en ti la confianza para hacer todo lo que quisieras. En aquel antro tú eras tú, especialmente cuando el DJ te regalaba esa canción que tanto te gustaba y tu te hacías de rogar a la hora de bailar para entrar pletórico, como una auténtica super star. Claro, allí sólo se bebía cerveza y eso a ti se te daba de puta madre. Se te daba tan bien que mientras que tú te sentías el centro del universo, los demás te veían como un completo gilipollas. Pero te daba exactamente igual que aquella chica que en realidad tenía unos dientes horrendos, y que aquella de las tetas grandes y que la otra con esa cara tan adorable pensaran lo que fuera que pensaran de ti.

En esas estabas mientras salías de hacerle una visita al baño tras oír aquello de "Eh, venga, vamos a ponernos otra" cuando de repente todo se iluminó y luces que llegaban de todos lados te cegaban, te golpeaban con crueldad y te gritaban al oído: "Bienvenido al final".





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