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sábado, 4 de diciembre de 2010

I Wanna Be Adored

Vivía a su manera. Hacía sólo lo que podía proporcionarle un placer sensitivo. Vivía para hacer feliz a sus sentidos. No le importaba que la gente lo mirara como un loco, vivía para su disfrute, vivía para sentirse bien consigo mismo, para tener su interior en paz. Y si no lo hacía, era yo el que tenía que aguantarlo.

Me hablaba de literatura, de exposiciones, de moda y un poco de arte y también de cine. Pero sobre todo le gustaba hablar de música. Amaba descubrir nuevos grupos que a saber de dónde los sacaba y nunca decía sus fuentes. Aseguraba que no podría vivir sin el sentido auditivo, que si algún día se despertara y sus orejas no estuvieran en su mesita noche, moriría de pena. 
Aun así, lo que le gustaba era hablar, hablar sin parar, y escuchar, y escuchar sin parar, y volver a hablar... repetía mucho la siguiente frase: "Si hay algo de que hablar, hablamos. Y si no, hablamos por hablar". Y esa era su máxima. Despreciaba a la gente que no tenía gustos propios, despreciaba a la gente que respondía a las preguntas con un simple: "No sé". No podía con eso, le irritaba. La indiferencia le parecía la mayor forma de mediocridad y vulgaridad.

Pero claro, él tenía sus defectos. Tanto hablar le hacía olvidarse de sus quehaceres. Casi siempre eran meras formalidades sociales, las clásicas situaciones que todo el mundo hacía para quedar bien de cara a la galería, pero que a él le parecían simples fachadas en muchos casos. Se le olvidaba llamar para preguntar por cómo estaban sus amigos o su familia, pero no lo hacía porque no le importaran, simplemente, era así, un poco "despegado". También era muy despistado, casi nunca recordaba donde había dejado las cosas, pero se tomaba esto con soberbia, con altivez; decía que era normal que le pasaran esas cosas, que tenía demasiado de lo que pensar y que no le importaba, que tarde o temprano las encontraba.

Te aseguro que te estarás riendo desde donde estés mientras ves como te entierran, conociéndote, seguro que esta sonido del aire correr son tus carcajadas. Tus orejas las dejaste en la mesita de noche de Ella, por cierto, las tengo aquí y no sé que hacer con ellas.

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